Semana Santa
El Reloj de la Pasión: los orígenes en Portalrubio
por Mª Luz del Hoyo
Las manifestaciones poéticas, musicales o artísticas que la Semana Santa nos ofrece son sin duda alguna uno de los alicientes que mueven a miles de visitantes cada año de unas provincias a otras. El ejemplo más cercano lo tenemos en Portalrubio, nuestro pueblo, pues muchos de los ritos y tradiciones que reproducimos año tras año durante la Pasión y Muerte de Jesús son similares en muchos pueblos de los alrededores, aunque en cada uno de ellos presenten ciertas peculiaridades.
Este año, de la mano de Leandro Carrasco, los editores de esta web hemos tenido la oportunidad de saber y conocer un poquito más de nuestras tradiciones y costumbres, datos que hasta ahora desconocíamos y que queremos acercaros, en concreto os traemos la historia de El Reloj, ese cántico repetitivo y machacón que preside las procesiones de nuestro pueblo de Semana Santa y que acompaña al Nazareno, al Jesús en la cruz y a la Dolorosa por sus calles.
El Reloj de la Pasión es un poema o cántico de autor desconocido, aunque se presupone que fue algún misionero quien lo compuso con una funcionalidad o fin didáctico, allá por el siglo XIX, aproximadamente entre 1860 y 1890. Como os indicábamos anteriormente se tiene constancia de que también se canta en los pueblos de alrededor como La Peraleja, Valdemoro, Tinajas o Gascueña con la misma letra pero con entonaciones distintas y ciertas particularidades. Por ejemplo en Tinajas las últimas estrofas son cantadas por niños y en La Peraleja lo cantan o recitan las mujeres. Incluso más allá de los límites de Cuenca y de Castilla la Mancha, en Tarazona (Zaragoza) y Logroño también nos consta que tienen “su Reloj” mientras que en localidades como Alcañiz y Añón cuentan con composiciones narrativas muy parecidas, como podéis comprobar en los Anexos 1 y 2.
24 horas en 27 estrofas
Argumentalmente hablando, El Reloj narra la Pasión del Señor en un total de 27 estrofas de 4 versos cada una, concretamente las últimas 24 horas de su vida, empezando a las siete con la Última Cena del jueves y terminando a las seis con el entierro del viernes. Los versos están inspirados en el Sermón de las 7 palabras y en los evangelios de Lucas y Mateo. Para los que lo desconozcáis, esas 7 palabras son las 7 frases que Jesús pronunció en la cruz y que fueron recogidas por los evangelistas a posteriori: 1ª «Padre, Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34). 2ª «De cierto te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23,43). 3ª «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: «Juan, ahí tienes a tu madre» (Juan 19,26 s.). 4ª «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). 5ª «Tengo sed» (Jn 19,28). 6ª «Todo está consumado» (Juan 19,30). 7ª «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23,46).

Estas estrofas se denominan seguidillas, una estrofa "popular"— "no por ello menos importante a la hora de expresar los sentimientos más profundos y dolorosos, bien religiosos o por lo general de desamores u tragedias generacionales", matiza Leandro Carrasco— de cuatro versos, los impares heptasílabos y los pares pentasílabos con rima asonantada, quedando libres los impares y sirviendo de bordón el estribillo que cantan las mujeres.
En resumiendo, se divide en una primera estrofa introductoria, otra por cada hora de martirio y, por último, dos finales, una dedicada a la Vírgen María y otra a modo de conclusión, repleta de buenos propósitos. Como ejemplo os dejamos la estrofa dedicada a María que epresenta la máxima intensificación del dolor, una constante en todo el texto:
“Sola y triste has quedado
Reina del cielo,
Llora sangre a mi luna
Que el sol se ha puesto"

Apuntes anecdóticos
En sus inicios, El Reloj era cantado la tarde-noche del Jueves Santo durante el recorrido de la procesión, únicamente ese día pues se suponía que el viernes los fieles se encontraban de luto porque el Señor había muerto. Los hombres encabezaban la procesión y las mujeres les seguían detrás. No ha sido hasta épocas más recientes cuando se tomó la iniciativa de cantarlo también el Viernes Santo para dar posibilidad a todos aquellos que ya no vivían en el pueblo y regresaban unos días para disfrutar de las vacaciones de Pascua de revivir las tradiciones de su niñez.
Por otra parte, nunca ha gustado demasiado al estamento clerical dicho cántico —no sólo en los límites de la demarcación de Portalrubio sino en las otras localidades donde ha perdurado— pues suponían que ello les restaba autoridad eclesiástica ya que en los inicios se cantaba con cierto aire irreverente y las voces se alzaban exacerbadas y rasgadas por la emoción. Incluso me atrevería a decir que en la actualidad todavía se siente esa emotividad, ¿no os parece?
EL RELOJ DE LA PASIÓN DE PORTALRUBIO




































